Enseñanza basada en datos 2.0
El libro reúne historias de éxito de escuelas que enseñan basándose en evidencias de aprendizaje.
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¿Tus estudiantes ponen cara de terror cada vez que anuncias una evaluación?
Históricamente, las escuelas chilenas han recibido los datos del SIMCE bajo una lógica de rendición de cuentas que genera tensión en la vida cotidiana de los docentes y líderes escolares. El problema de solo revisar datos de este tipo de pruebas es que se genera un hábito de interpretar la información de las evaluaciones en términos de promedios y solamente al final del proceso. Esto deja a los líderes escolares con un margen de acción nulo y una profunda frustración entre los docentes.
En nuestro podcast Después del Recreo, conversamos con María Paz Cadena (Jefa de Evaluaciones de Aptus) sobre cómo salir de este callejón sin salida al revisar los resultados de cualquier tipo de evaluación. La solución no está en presionar para subir los puntajes a la fuerza, sino en construir una narrativa interna sobre los datos que devuelva el control pedagógico a los equipos directivos, docentes de aula y líderes instruccionales.
Una de las grandes ideas que nos aporta María Paz es que los datos de las evaluaciones (tanto estandarizadas como otras utilizadas por cada escuela) pueden entenderse como un espejo que refleja las prácticas docentes, y que esto puede aprovecharse como una oportunidad para reflexionar y mejorar las acciones pedagógicas de la institución.

Encuentra a continuación las dos entregas de esta profunda conversación enfocada en la gestión de calidad escolar basada en evidencia. Disfruta la entrevista en dos partes en Youtube o completa en Spotify:
Para los líderes escolares y docentes comprometidos con su desarrollo profesional docente, desglosamos los pilares técnicos abordados en esta entrevista:
Las categorías de los Estándares de Aprendizaje de la Agencia de la Calidad (Adecuado, Elemental, e Insuficiente) son etiquetas para clasificar un puntaje técnico, no la identidad o el tope de los estudiantes. Cuando un establecimiento asume que un alumno es «insuficiente», se genera un círculo vicioso en el que tanto estudiantes como docentes se estancan. El rol de los líderes pedagógicos es traducir los datos «duros» en información con significado y que permita tomar decisiones de enseñanza.
El SIMCE de Matemática en 4° y 8° básico revela que las brechas de género y socioeconómicas se agudizan cuando los estudiantes arrastran vacíos de conocimiento históricos. No se puede enseñar resolución de problemas complejos o álgebra si los «aprendizajes basales precursores» (como el ámbito numérico o el algoritmo directo) no están consolidados. La innovación educativa en este ámbito consiste en diagnosticar la causa raíz de los errores de los estudiantes, no en hacer que ensayen pruebas estandarizadas de forma mecánica sin obtener retroalimentación ni claridad.
La Agencia de la Calidad de la Educación reporta que 48% de los estudiantes de 4° básico creen que les cuesta concentrarse en las pruebas porque se «ponen muy nerviosos». Por otro lado, el 58% de los niños, y el 71% de niñas de 2° medio siente «miedo de que las pruebas sean demasiado difíciles».
La neurociencia demuestra que el estrés sostenido eleva los niveles de cortisol y hace que la memoria de trabajo tenga aún menor desempeño. Muchas veces, un estudiante puede tener mal desempeño en una evaluación no por falta de estudio, sino por la ansiedad asociada a factores como la ponderación de la nota, las consecuencias de fracasar (promedio de notas, expectativas de la familia, etc.), o la poca confianza en sus aprendizajes.
Según la conversación con María Paz, algunas formas de trabajar deliberadamente esta problemática son:
Estrategias y técnicas para la evaluación formativa en el aula
Para que un dato sirva para la mejora escolar, los docentes deben saber diferenciar en la sala de clases entre una simple equivocación involuntaria (como marcar mal la opción de selección múltiple) y un error conceptual profundo (por ejemplo, confundir los valores posicionales en una suma).
Una estrategia para lograr esta cultura donde se da la bienvenida a los errores, es considerar explícitamente en la planificación de clases o en los tiempos escolares algún tipo de espacio protegido de retroalimentación y/o reenseñanza según se requiera. De esta forma, las evaluaciones formativas pueden utilizarse con un enfoque de evaluación formativa.