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Artículos de investigación

Más allá de las creencias: replantear la enseñanza como una profesión basada en la ciencia

Publicado el 04/02/2026

Esta publicación es posible gracias a la generosidad de Nidhi Sachdeva y Jim Hewitt, académicos de la Universidad de Toronto, que nos han permitido traducir las interesantes publicaciones de su blog The Science of Learning. Esta traducción corresponde al escrito «Beyond belief: Reframing teaching as a science-based profession», del 8 de julio de 2025.

Puntos clave:

  • Carnine sostiene que la educación no es una profesión basada en la ciencia.
  • Las modas y la ideología tienden a ejercer más influencia sobre la formación docente que la ciencia.
  • Es posible una profesión docente basada en la ciencia. Sin embargo, requiere un cambio cultural significativo que otorgue prioridad a las prácticas basadas en la evidencia.

En su provocativo artículo «Why Education Experts Resist Effective Practices«, Douglas Carnine hace una afirmación audaz: a diferencia de la medicina o la ingeniería, la educación no es una profesión basada en ciencia.
Esto puede parecer extraño a algunos profesores en un primer momento. ¿Acaso los programas de formación del profesorado no enseñan métodos instruccionales bien fundamentados en la evidencia? ¿No se basa el desarrollo profesional continuo en investigaciones sólidas?
Douglas Carnine sostiene que, en su mayor parte, no es así.
En su artículo, Carnine sostiene que la educación carece del rigor académico que se encuentra en campos como la medicina o la ingeniería. Cita ejemplos en los que los líderes del pensamiento educativo rechazaron enfoques basados en la investigación, como la enseñanza directa, incluso después de que estos superaran ampliamente a otros modelos en estudios controlados a gran escala. Continúa sugiriendo que, en lugar de adoptar lo que funciona, muchos expertos en educación tienden a dar prioridad a innovaciones no probadas o a métodos que se ajustan a sus preferencias ideológicas.

¿Tiene razón Carnine?

Creemos que sí. La educación, tal y como está actualmente, claramente no es una profesión basada en la ciencia. Cuando los docentes se enfrentan a un problema difícil en el aula, rara vez recurren a la investigación para encontrar respuestas. Más a menudo, se basan en sus instintos, en su experiencia o en las estrategias que han aprendido de sus colegas. Eso no quiere decir que estas cosas no tengan valor, porque, sin duda, lo tienen. Pero es sorprendente lo poco que se consulta la investigación.
La investigación también desempeña un papel sorprendentemente pequeño en la formación continua de los docentes. En la mayoría de los casos, el desarrollo profesional promueve ideas que son familiares, populares o fáciles de presentar, pero no necesariamente basadas en la ciencia. Los profesores que participan en estas sesiones de desarrollo profesional pueden dar por sentado que los materiales de enseñanza han sido rigurosamente evaluados. En realidad, eso es poco probable. Se han dedicado —y se siguen dedicando— innumerables horas de desarrollo profesional a modas educativas pasajeras, como los estilos de aprendizaje y las inteligencias múltiples, a pesar de que décadas de investigación no han demostrado ningún beneficio para el aprendizaje de los estudiantes.
Docentes con experiencia nos han contado historias de cómo sus escuelas se comprometen con una nueva iniciativa educativa al año, solo para ver cómo se abandona silenciosamente al año siguiente. Esto puede hacer que los docentes se vuelvan escépticos o incluso cínicos con respecto a las nuevas iniciativas. Cuando la última «gran idea» se presenta con gran fanfarria pero desaparece sin resultados claros, los docentes comienzan a ver estos esfuerzos como modas pasajeras en lugar de mejoras significativas. Con el tiempo, este patrón erosiona la confianza en el liderazgo y reduce el compromiso de los docentes con el desarrollo profesional futuro. En lugar de preguntarse «¿cómo puedo aplicar esto para mejorar el aprendizaje de mis estudiantes?», los docentes pueden empezar a preguntarse «¿cuánto tiempo pasará hasta que esto también se desvanezca?».

¿Por qué ha sido tan lento el progreso en la educación?

Carnine presenta un argumento convincente: el hecho de que la educación no haya adoptado la investigación científica explica por qué la profesión, en su conjunto, ha avanzado tan poco a lo largo del tiempo. En medicina, los nuevos tratamientos se desarrollan mediante un proceso disciplinado de investigación, pruebas controladas, evaluación y perfeccionamiento. Las ventajas de este enfoque son evidentes. La esperanza de vida ha aumentado drásticamente. Se han erradicado o controlado enfermedades mortales. Ahora contamos con cirugías mínimamente invasivas, diagnósticos avanzados y terapias específicas que habrían sido inimaginables hace solo unas pocas generaciones.
La educación, por otro lado, carece de este ciclo de mejora progresiva. A pesar de décadas de reformas y miles de millones gastados en iniciativas de mejora, no está claro que los profesores sean hoy más efectivos que hace cincuenta años. Si bien los programas de enseñanza han evolucionado durante ese período, sería difícil afirmar que la calidad de la educación ha mejorado significativamente o que la brecha en los resultados de los estudiantes se ha reducido sustancialmente.
Como dice Carnine, la educación está atrapada en un ciclo de reinvención, reciclando constantemente ideas ineficaces con nuevos nombres en lugar de basarse en las que han demostrado su eficacia.

La enseñanza como profesión «basada en creencias»

¿Por qué persiste este ciclo? ¿Por qué los educadores se resisten a las prácticas respaldadas por investigaciones rigurosas, mientras que adoptan otras sin demostrar? Carnine sugiere que es porque la educación funciona más como una profesión basada en creencias que como una basada en la ciencia. Las prácticas pedagógicas a menudo se eligen no por su efectividad demostrada, sino porque se ajustan a convicciones personales o ideológicas.
Esto ayuda a explicar por qué ideas como los estilos de aprendizaje, el aprendizaje por descubrimiento y la gimnasia cerebral siguen circulando ampliamente. Se difunden a través de libros, conferencias y desarrollo profesional, no porque estén respaldadas por pruebas sólidas, sino porque se ajustan a las creencias populares o intuiciones sobre cómo aprenden los estudiantes. Estas estrategias parecen correctas, lo que las hace atractivas. Pero en muchos casos, las investigaciones que respaldan estos enfoques son débiles, inconsistentes o inexistentes.
Además, a diferencia de la medicina, donde los tratamientos ineficaces acaban desapareciendo, la educación carece de un circuito de retroalimentación integrado. No existe un sistema fiable para filtrar lo que no funciona o potenciar lo que sí funciona. Como resultado, las creencias y la ideología suelen prevalecer sobre el impacto. Pasar de una moda a otra da a los profesores la ilusión de progreso, pero rara vez produce un mejor aprendizaje.
La cultura basada en creencias no se limita a la práctica cotidiana. Comienza temprano, durante la formación inicial de los profesores. En lugar de enfatizar lo que sabemos por la investigación sobre cómo funciona el aprendizaje, los programas suelen ofrecer un abanico de estrategias, teorías e ideologías. Las tareas de estos cursos pueden incluir escribir una filosofía personal de la enseñanza o diseñar una clase que se ajuste a una teoría educativa concreta. Pero rara vez se ejerce presión para revisar la literatura científica y comprobar si un enfoque instruccional recomendado mejora realmente el aprendizaje de los estudiantes.
En consecuencia, muchos profesores salen de su formación inicial con solo unas pocas estrategias de enseñanza y fuertes convicciones, pero sin una base sólida respecto de lo que las investigaciones han demostrado que es más efectivo.
Aquí es donde entra en juego la ciencia del aprendizaje. Esta invita a adoptar una mentalidad fundamentalmente diferente.

¿Qué significaría que la enseñanza se convirtiera en una profesión basada en la ciencia?

Imagina un mundo en el que la enseñanza, al igual que la medicina o la ingeniería, se basara en unos sólidos fundamentos científicos. En un mundo así, todos los profesores comprenderían cómo la carga cognitiva afecta al aprendizaje. Sabrían lo que dicen las investigaciones sobre la práctica de la recuperación y la ansiedad ante los exámenes, y cómo diseñar evaluaciones que estimulen la memoria y, al mismo tiempo, refuercen la confianza de los alumnos.
Estarían equipados con estrategias que realmente ayudan a los estudiantes con dificultades y sabrían por qué ciertos enfoques tienden a funcionar mejor que otros. Entenderían por qué los estudiantes a veces olvidan lo que han aprendido y cómo evitar que eso suceda. Sobre todo, tendrían una comprensión sólida y práctica de cómo aprenden las personas y cómo utilizar ese conocimiento para enseñar de manera más efectiva.

La ciencia del aprendizaje: un camino a seguir

La ciencia del aprendizaje representa un esfuerzo por convertir la enseñanza en una profesión basada en la ciencia. Se basa en décadas de investigación en psicología cognitiva, diseño instruccional y medición educativa. Ofrece a los educadores algo muy valioso: claridad sobre cómo funciona el aprendizaje y qué tipos de enseñanza lo apoyan mejor.

A diferencia de las modas o ideologías educativas, la ciencia del aprendizaje no parte de declaraciones de creencias o valores personales. Parte de datos. Evoluciona a través de la experimentación, la replicación y el escrutinio crítico. Y, al igual que otras disciplinas científicas, nos invita a cambiar de rumbo a medida que profundizamos en nuestra comprensión.

Esa mentalidad —de curiosidad disciplinada, apertura al cambio y compromiso con la mejora continua— es muy prometedora para la enseñanza.

Pero, ¿no son las aulas demasiado complejas para los enfoques científicos?

Algunos educadores han expresado su preocupación por convertir la enseñanza en una profesión basada en la ciencia. ¿Conduciría esto a una estandarización rígida, en la que se esperaría que todos los profesores siguieran el mismo libreto? ¿Es siquiera posible aplicar los hallazgos científicos en una profesión en la que cada decisión está tan profundamente condicionada por las diferencias individuales y los contextos locales?
Son preguntas válidas e importantes. Basar la enseñanza en la investigación no la hará más sencilla ni mecánica. El trabajo seguirá siendo desafiante y dinámico, lleno de momentos inesperados que exigirán perspicacia, flexibilidad y creatividad. Cada decisión instruccional seguirá teniendo que considerar los diversos antecedentes de los alumnos, la dinámica del aula, los objetivos curriculares y mucho más.
Pero en una profesión verdaderamente basada en la ciencia, la investigación educativa serviría como un poderoso sistema de apoyo. No dictaría cada acción que hace un docente, pero ofrecería una orientación bien probada sobre lo que tiende a funcionar y por qué. Los docentes podrían seguir desviándose de esa orientación cuando fuera necesario, pero lo harían desde una posición informada, conscientes tanto de lo que dice la investigación como de las razones para elegir un camino diferente. La enseñanza seguiría siendo creativa, receptiva y profundamente humana, pero también se basaría en un conjunto cada vez mayor de conocimientos sobre cómo se produce el aprendizaje.
Para ser claros, la ciencia del aprendizaje no exige una estandarización rígida. Respeta la autonomía y el criterio profesional de los docentes. Pero nos pide que ejerzamos ese criterio dentro de un marco compartido de evidencia. Nos invita a formar parte de una profesión que perfecciona sus métodos con el tiempo, basándose en lo que funciona, no solo en lo que es popular.

Cuatro pasos hacia una profesión basada en la ciencia

Para transformar la enseñanza en una profesión basada en la ciencia, necesitamos crear estructuras que apoyen prácticas basadas en evidencia. Aquí hay cuatro maneras de empezar:

1.Dar prioridad a las prácticas basadas en la evidencia en la formación inicial docente

Los programas de formación docente deben exponer a los nuevos profesores a estrategias de enseñanza probadas, como la práctica de recuperación, la práctica espaciada, la evaluación formativa y la enseñanza explícita. Estas estrategias representan algunos de los hallazgos más consistentes, replicados y convincentes de la investigación educativa. Han sido rigurosamente probadas y han demostrado mejorar el aprendizaje en diversos contextos.

2. Fortalecer la lectoescritura científica

Los profesores no deberían tener que aceptar las afirmaciones de las investigaciones sin más. Al igual que los médicos que leen revistas médicas, los educadores deberían estar preparados para leer, interpretar y evaluar los resultados de las investigaciones. Eso significa incorporar en los cursos herramientas y hábitos mentales que ayuden a los profesores a preguntarse: ¿Cuál es la evidencia que lo respalda? ¿Qué solidez tiene? ¿Es aplicable a mis estudiantes?

3. Establecer un núcleo común de conocimientos profesionales

La educación carece de algo que la mayoría de las demás profesiones tienen: una base común de conocimientos con fundamento científico. En medicina, todos los estudiantes aprenden anatomía, fisiología y patología. En aviación, todos los pilotos comprenden las leyes de la aerodinámica. La enseñanza no debería ser diferente. Una comprensión común del aprendizaje, basada en la ciencia cognitiva y la teoría del aprendizaje, ayudaría a unificar la profesión y reduciría su susceptibilidad a las modas pasajeras.

4. Evaluar el desarrollo profesional para garantizar la calidad de su evidencia

Los docentes suelen dar por sentado que si una sesión de desarrollo profesional es ofrecida por la junta escolar o un consultor, está basada en pruebas. Pero a menudo no existe un sistema formal que garantice que eso sea cierto. Como resultado, las sesiones de desarrollo profesional suelen promover ideas que tienen poco o ningún respaldo empírico.
Si queremos detener la propagación de las modas educativas, necesitamos una forma de introducir el control de calidad en el desarrollo profesional. Eso significa ser transparentes sobre la investigación que respalda lo que se enseña y ser honestos cuando las evidencias son débiles o están en evolución.

Un futuro esperanzador

Transformar la educación en una profesión basada en la ciencia no será fácil. Uno de los mayores obstáculos para el cambio es la inercia cultural. En la educación, las «creencias» son profundas. Incluso los defensores de la ciencia del aprendizaje hablan a veces de «creer» en cosas como la enseñanza explícita o la práctica de recuperación. Esta es una práctica que los docentes deben superar de alguna manera. Cuando enmarcamos los enfoques de enseñanza en términos de creencias, continuamos con el hábito de sustituir un conjunto de intuiciones por otro, en lugar de cultivar el hábito de la investigación crítica que exige la ciencia.

La ciencia del aprendizaje no debe considerarse como un conjunto de prácticas que deben aceptarse sin cuestionarlas. Más bien, se trata de un conjunto cada vez mayor de evidencia que nos ayuda a comprender qué funciona en la educación y por qué. Nos invita a examinar las afirmaciones de forma crítica, a adaptar nuestros métodos a medida que surgen nuevas pruebas y a permanecer siempre abiertos a la posibilidad de que podamos estar equivocados. Al adoptar esta mentalidad, podemos remodelar la educación para convertirla en una profesión en la que las decisiones pedagógicas se basen en la investigación, los docentes estén empoderados con los conocimientos que necesitan y los estudiantes se beneficien de prácticas que favorezcan su aprendizaje.

Referencias

Carnine, D. (2000). Why Education Experts Resist Effective Practices. Fundación Thomas B. Fordham. https://www.wrightslaw.com/info/teach.profession.carnine.pdf


Agradecemos nuevamente la generosidad de Nidhi Sachdeva y Jim Hewitt por pemitirnos traducir y publicar su artículo. Si deseas revisar la bibliografía académica citada, puedes encontrar en la publicación original: Beyond belief: Reframing teaching as a science-based profession


Charla realizada por Nidhi Sachdeva en researchED Chile 2025:

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Nombre del recurso: Artículos de investigación
  • Fecha de publicación:04/02/2026

  • FormatoTexto
  • Presentado porNidhi Sachdeva, Jim Hewitt y Aptus

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